En este proyecto nos encontramos con una situación más habitual de lo que parece en infraestructuras de red: la incompatibilidad entre el armario rack existente y el nuevo equipamiento. El cliente, un centro educativo, había adquirido un nuevo switch de Ubiquiti con mejores prestaciones, pero al intentar instalarlo surgió el problema: no entraba físicamente en el armario.
A simple vista, el rack parecía válido, con un fondo nominal de 450 mm frente a los 400 mm del switch. Sin embargo, el problema estaba en el detalle que muchas veces pasa desapercibido: el fondo útil real era inferior, debido a la estructura interna, la posición de los bastidores y el espacio necesario para conectores y latiguillos traseros. El resultado fue una situación provisional en la que el switch tuvo que colocarse encima del armario, algo claramente no válido ni seguro, con problemas de ventilación, mantenimiento y riesgo físico.
Ante esto, se optó por una solución definitiva: sustituir completamente el armario rack.
Montaje previo del nuevo rack y validación de medidas
Antes de instalar el nuevo armario en pared, realizamos el montaje completo en banco de trabajo. Este paso, que muchas veces se omite, es clave para trabajar con comodidad y asegurarse de que todo encaja correctamente antes de fijarlo definitivamente.
Se ensamblaron todos los elementos del rack: base, paneles laterales, bastidores delanteros y traseros, puerta frontal con cerradura y resto de componentes. Una vez montado, aprovechamos para comprobar tanto el encaje en el hueco de pared disponible —que en este caso era bastante justo— como el fondo útil interior, que era el origen del problema inicial.
Aquí pusimos especial atención en algo crítico: no basta con que el equipo “entre”, sino que debe existir margen suficiente para el cableado trasero, conectores y radios de curvatura. Esta verificación nos aseguró que el nuevo armario sí sería compatible con la electrónica existente y con el nuevo equipamiento.
Desmontaje de la electrónica y preparación del cableado
Con el nuevo armario ya montado y validado, comenzamos una de las fases más críticas de todo el proyecto: el desmontaje completo de la electrónica de red existente. Este punto, aunque pueda parecer sencillo, es donde más errores se suelen cometer si no se sigue un procedimiento ordenado.
Antes de desconectar absolutamente nada, realizamos una tarea imprescindible: documentar manualmente el origen y destino de cada cable y tomar varias fotografías. Para ello, fuimos anotando en papel qué puerto del patch panel correspondía con cada puerto del switch, identificando latiguillos, conexiones críticas y cualquier particularidad de la instalación. Este esquema se revisó dos veces antes de comenzar, asegurándonos de que no había errores.
Este paso es especialmente importante en entornos como centros educativos, donde no es raro encontrar segmentaciones de red mediante VLAN configuradas directamente por puerto. En estos casos, cambiar un simple latiguillo de posición puede provocar que un aula se quede sin red, que un dispositivo deje de tener acceso a determinados recursos o incluso generar fallos difíciles de diagnosticar posteriormente. Por eso, mantener exactamente el mismo origen y destino en cada conexión es absolutamente clave.
Una vez documentada toda la instalación, comenzamos el desmontaje de forma controlada. Se retiraron los switches, se desconectaron los latiguillos y se fue liberando espacio progresivamente dentro del armario. El objetivo no era solo vaciar el rack, sino hacerlo manteniendo siempre el control sobre cada elemento, evitando tirar cables sin orden o perder referencias.
En este punto aplicamos una técnica que nos permitió ahorrar mucho tiempo y reducir riesgos: en lugar de desmontar completamente el cableado estructurado, optamos por extraer los patch panel completos manteniendo intacto el conexionado trasero. Para ello, los sacamos cuidadosamente por la rendija superior del armario. Esta forma de trabajar evita tener que volver a crimpar o reorganizar cada uno de los cables de red, reduciendo enormemente la posibilidad de error y acelerando el proceso de montaje posterior.
Sin embargo, no todo el cableado permite este tipo de maniobra con la misma facilidad. El caso más delicado fue el panel de parcheo de fibra óptica. A diferencia del cable UTP, la fibra es extremadamente sensible a la manipulación: no tolera radios de curvatura cerrados, no debe forzarse ni someterse a tensiones. Un movimiento brusco o un ángulo excesivo puede dañar el núcleo de la fibra, lo que obligaría a realizar nuevas fusiones, con el coste y tiempo que ello implica. Por este motivo, la extracción de este panel se realizó con especial cuidado, respetando en todo momento los radios de curvatura y manipulándolo de forma muy controlada.
Una vez retirados todos los elementos y con el armario completamente vacío, pasamos a una fase que muchas veces se infravalora pero que marca la diferencia en el resultado final: la preparación del cableado. Aprovechamos para desenredar completamente las mangueras de red, eliminar cruces innecesarios, enderezar los cables y agruparlos de forma lógica. Posteriormente, se embridaron para dejarlos listos de cara al nuevo montaje.
Este trabajo previo, aunque requiere tiempo, es fundamental. Es lo que permite que, una vez instalado el nuevo rack, el cableado quede ordenado, accesible y fácil de mantener. Además, facilita futuras intervenciones y evita acumulaciones de cable que pueden afectar tanto a la ventilación como a la identificación de conexiones.
Instalación en pared y montaje final
Con todo preparado, pasamos a la instalación definitiva del armario. Para ello, utilizamos un nivel láser que nos permitió alinear correctamente la pletina de soporte sobre la que descansaría el rack. Este paso es importante no solo a nivel estético, sino para asegurar un reparto correcto del peso y evitar tensiones en la estructura.
Una vez colgado el armario, comenzamos el montaje interior siguiendo un orden lógico que facilita el trabajo y reduce riesgos. En primer lugar, se instaló el panel de fibra óptica, aprovechando que el rack estaba completamente vacío para poder trabajar con holgura y respetar los radios de curvatura. A continuación, se montaron los patch panel de cableado UTP y, por último, la electrónica de red, incluyendo el switch de Ubiquiti, que ahora sí disponía del espacio necesario.
El recableado se realizó utilizando el esquema previamente documentado, reconectando cada latiguillo en su puerto original. Gracias a este trabajo previo, la red mantuvo exactamente su misma estructura, incluyendo configuraciones de VLAN, y el sistema funcionó correctamente desde el primer momento sin necesidad de ajustes adicionales.
Resultado final y conclusiones
El resultado final es un armario rack completamente renovado, con mayor fondo útil, toda la electrónica correctamente integrada y un cableado ordenado y accesible. Más allá de resolver el problema inicial, la intervención ha permitido mejorar la organización, facilitar el mantenimiento y dejar la infraestructura preparada para futuras ampliaciones.
Este proyecto demuestra algo fundamental en redes: no solo importa el equipamiento, sino cómo y dónde se instala. Un detalle aparentemente menor como el fondo útil de un rack puede condicionar completamente una instalación. Detectarlo a tiempo y abordarlo correctamente marca la diferencia entre una solución provisional y una instalación profesional y duradera.













